En
coincidencia con la fecha de fundación de la FAO (Organización de las
Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) el 1945, el 16
de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación, proclamado por
las Naciones Unidas en 1979. La Generalitat Valenciana se adhiere a
esta llamada solidaria con una declaración institucional sobre la
necesidad de fomentar la conciencia de la población alrededor del
problema alimentario global y de la necesaria lucha contra el hambre, la
desnutrición y la pobreza.
DECLARACIÓN DEL CONSELL DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN
Los seres humanos consumimos una media de 2.868 calorías diarias. A pesar de esta dato, según la FAO alrededor de 800 millones de personas sufren malnutrición crónica en el mundo, mientras que, al mismo tiempo, las economías desarrolladas lanzan a la basura millones de toneladas de alimento además de sufrir problemas de obesidad en sus poblaciones. Este dato, que normalmente se tiene en cuenta en una jornada de reivindicación como la de hoy, no puede caer en el olvido de la rutina de nuestro día a día y más teniendo en cuenta que este déficit nutricional no está tan lejos de nuestras hogares como muchos creen. Datos recientes de Cáritas ponen de manifiesto la situación de pobreza infantil y de malnutrición de casi uno de cada cuatro niños y niñas de nuestra Comunitat.
Pese a los resultados conseguidos en los últimos 20 años en la lucha contra la malnutrición crónica en el mundo, el problema continua siendo de gran envergadura. No nos puede servir de consuelo que en las dos últimas décades se haya reducido de forma significativa el hambre hasta el 11,3% de la población mundial. Con la desigualdad, hay que apuntar, coexiste un poder de mercado cada día mayor en las grandes empresas transformadoras y distribuidoras de la producción agropecuaria mundial, el cual determina los flujos y los tipos de alimentos que se producen, así como las políticas de precios, cosa que provoca que millones de seres humanos no tengan acceso a ellos.
Justamente, esa desigualdad en la presencia de los mercados debe ser un primer centro de atención de este gobierno y de los del resto del planeta. Se trata de decidir si es posible una estrategia para reducir la concentración de poder. La soberanía alimentaria es uno de los grandes objetivos que deben tener los países, ya sea por razones sociales como ambientales. El otro reto global por el que debemos responder como sociedad y como gobierno, es el impacto del cambio climático sobre la agricultura, los recursos hídricos y la producción de alimentos. Hay que llevar adelante políticas que hagan posible la reducción del hambre y la alimentación de la población global, al mismo tiempo que avanzamos hacia una agricultura sostenible y comprometida con el medio ambiente.
DECLARACIÓN DEL CONSELL DÍA MUNDIAL DE LA ALIMENTACIÓN
Los seres humanos consumimos una media de 2.868 calorías diarias. A pesar de esta dato, según la FAO alrededor de 800 millones de personas sufren malnutrición crónica en el mundo, mientras que, al mismo tiempo, las economías desarrolladas lanzan a la basura millones de toneladas de alimento además de sufrir problemas de obesidad en sus poblaciones. Este dato, que normalmente se tiene en cuenta en una jornada de reivindicación como la de hoy, no puede caer en el olvido de la rutina de nuestro día a día y más teniendo en cuenta que este déficit nutricional no está tan lejos de nuestras hogares como muchos creen. Datos recientes de Cáritas ponen de manifiesto la situación de pobreza infantil y de malnutrición de casi uno de cada cuatro niños y niñas de nuestra Comunitat.
Pese a los resultados conseguidos en los últimos 20 años en la lucha contra la malnutrición crónica en el mundo, el problema continua siendo de gran envergadura. No nos puede servir de consuelo que en las dos últimas décades se haya reducido de forma significativa el hambre hasta el 11,3% de la población mundial. Con la desigualdad, hay que apuntar, coexiste un poder de mercado cada día mayor en las grandes empresas transformadoras y distribuidoras de la producción agropecuaria mundial, el cual determina los flujos y los tipos de alimentos que se producen, así como las políticas de precios, cosa que provoca que millones de seres humanos no tengan acceso a ellos.
Justamente, esa desigualdad en la presencia de los mercados debe ser un primer centro de atención de este gobierno y de los del resto del planeta. Se trata de decidir si es posible una estrategia para reducir la concentración de poder. La soberanía alimentaria es uno de los grandes objetivos que deben tener los países, ya sea por razones sociales como ambientales. El otro reto global por el que debemos responder como sociedad y como gobierno, es el impacto del cambio climático sobre la agricultura, los recursos hídricos y la producción de alimentos. Hay que llevar adelante políticas que hagan posible la reducción del hambre y la alimentación de la población global, al mismo tiempo que avanzamos hacia una agricultura sostenible y comprometida con el medio ambiente.
