Si un ciudadano decide ser taxista, ha de tener una licencia, un coche, clientes que atender y un lugar donde esperarlos. Era normal que el ayuntamiento reservara zonas que facilitaran su localización.
Otros tiempos, otros criterios. La bicicleta arrasa por doquier, conquista esos espacios en la acera y en la calzada.
Los falleros se temen lo peor. ¿Habrá carpas? ¿Se plantarán fallas? ¿Música? ¿Buñuelos? ¿Ofrenda?...
¿Podrán los padres decidir por sus hijos, mientras crecen?
¿Podrán celebrarse Misas donde siempre, o deberán cederse estos espacios a las alternativas que el alcalde considera "muy chulas"?
Mientras dudamos, algún conseller nombra "parientas", a la vez que vacía cajones "rastreando".
¿Cuando los llenará de algo?
San Francisco Javier
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